Inexpresiva soledad
carcomiéndome la piel,
no viven mas en mi conciencia,
dulces imágenes, sueños de papel.
¿Oscura penitencia?
¿Redención esperanzada?
Ventanas de mi alma,
al horizonte divisan nada.
Fui alegría
menos que tormento,
entregué la vida
disfrutando cada momento.
Entregué cada suspiro,
repartí mi cargamento:
rosas, flores, cantos, versos.
A cambio respiraba azufre,
dolor, agonía, resentimiento.
¿Que nadie lo dijo?
¿qué no lo sabías?
En esta tierra se cosecha,
lo que has sembrado, vida mía.
La semilla de maldad tristemente prosperó,
hundiéndome en la oscuridad,
renunciando a lo que soy.
Envileciendo mi semblante,
aplastando lo que amé,
destruyendo cada instante,
despojado de mi fe.
Siendo menos que nada,
trazas de mi supurante ser.
¿Es eso lo que queda?
¿Es eso lo que soy?
¿Un tímido recuerdo,
de una luz que un día cegó.?
Ahogado en celeste océano,
con tristes gamas acariciando la noche,
ocultando lo que es bello,
recordando mil y un reproches.
El sol no se hizo para la luna,
me dijo alguien que me conoce,
en triste penumbra me arrastro,
me llevo lo que me corresponde.
En verdad eso soy ahora,
un despojo que se creyó deidad,
un despojo que ya nadie adora,
un despojo que solo quiere la verdad,
un crepúsculo que busca ser aurora,
buscando el sueño eterno que lo lleve a la felicidad…
