Desvaríos de:

El precio de la soledad

Tenía tiempo que no se hacía esa pregunta.

Realmente no tendría por qué hacérsela, pero aún así al verlo, ella se cuestionaba si de verdad lo amaba. Ni siquiera estuvo segura de quererlo, más bien como que le causaba entre simpatía y compasión. Compasión cuando le contó que de niño robaba gallinas para venderlas y así comprar un litro de leche. Compasión al ver que toda la gente a su alrededor lo respetaba sólo porque le temían. Ella había percibido en él, ese aire tan sombrío e impregnado de la más sincera soledad.

Argelia era única en especie. Pequeña desde nacimiento, se pudo adivinar que no tendría el tamaño de una amazona, ojos tan grandes como para encerrar todas las interrogantes que siempre la asediaban. Si los ojos son la ventana del alma, no era el caso de Argelia. Sus ojos eran su alma. La boca delgada que rara vez habló más de cinco minutos continuos, era justo a la proporción de su diminuta nariz. Lo que llamaba la atención de su escuálido cuerpo, era el magnífico cuello de cisne que adhería su cabecita y cuerpecillo. En efecto, era un cuello tan poco común. Parecía tallado por el más experto de los ebanistas. Toda ella eran distintas tonalidades de café. Café oscuro en el cabello, café claro en los ojos, café medio en la piel. Argelia parecía tímida pero en realidad no lo era. Siempre tenía la entera seguridad de lo que iba a hacer y normalmente quedaba satisfecha con sus decisiones. Nunca se le escuchó hablar de confusiones o arrepentimientos.

Había crecido en una familia unida por las apariencias. Su padre disfrutaba continuamente de más de una dama, mientras que su madre, encadenada por voluntad propia al hogar, se encargaba de criar a sus cuatro hermanas y a ella. Observando a su madre, Argelia se preguntó no sólo una vez, si la misma suerte le esperaba. Argelia se mantenía un tanto alejada de las delicadas situaciones de la casa, por el extremo cuidado que ponía en sus estudios profesionales. Fue por ello que la familia tardó en darse cuenta lo que realmente pasaba con Argelia.

Conoció a Leonel Magaña en una de esas reuniones de compañeros de facultad a las que casi nunca iba. Al verlo, sencillamente no pudo quitarle los ojos de encima. A decir verdad él era bastante burdo. Alto, con anticuado corte militar, tosco y desmesurado en las facciones de su barbudo rostro. Argelia no disimuló examinar todas y cada una de las cicatrices de su morena cara. Fue entonces cuando percibió el halo tibio de su destierro. También notó que lo acompañaban tres mujeres escandalosas y seis hombres que fácil daban la pintaza de rufianes. Con la insistente mirada, al fin llamó la atención de Leonel, que en seguida, hizo una seña y el más corpulento de todo su séquito se acercó. El gigantesco individuo, asentó unas cuantas veces y entonces se dirigió hacia Argelia, la cual ni siquiera pestañeó al ver acercase al voluminoso hombre.

- Mi comandante Magaña- dijo el cuadrumano señalando a Leonel -pregunta ¿qué está tomando la señorita?

- Dígale a su comandante, que no es asunto suyo. – contestó Argelia con su vocecilla, – sin perderse un solo instante de la mirada de Leonel.

El atónito sirviente regresó donde el comandante Magaña, con la respuesta de Argelia. Tardó unos segundos en reaccionar. Posó fijamente la mirada sobre ella y le sonrió. Sonrió como nunca se le había visto sonreír antes, su blanca dentadura se asomó por unos instantes en un gesto de la más límpida alegría. Argelia devolvió una fría sonrisa por diversión.

En algún momento, Argelia misma se convenció de que Leonel era el hombre de su vida. Por su parte, Leonel sabía que su vida era el trabajo. Traficaba con narcóticos y armas a todo lo largo y ancho del país. Tenía hombres a su mando en casi todos los estados. Ni él mismo tenía una idea de cuántos elementos dependían de sus decisiones. Controlaba dos tercios de la seguridad pública federal. En el mundo de la mafia, el comandante Magaña era reconocido, y temido, por su saña, crueldad, desconfianza y ferocidad con la que perseguía a sus enemigos, que en realidad, no se le conocían muchos. Célebre por sus métodos de tortura siempre vanguardistas. No se oía que atormentara más de cinco veces con la misma técnica. Aunque tenía un favorito por clásico.

-Vamos a ver si estos cabrones no aflojan el habla con una recortadita de pezuñas- Decía el comandante Magaña mientras ordenaba se les arrancaran una a una, las uñas de manos y pies con ayuda de unas pinzas.

Le había costado cerca de diecisiete años llegar justo a donde estaba parado. Engendrado en el seno de una familia pobre, creció con toda clase de carencias: afectivas, educativas y de oportunidades. A su criterio, la vida le sonrió por primera vez a los quince años. Un capo de su pueblo le pagó la exorbitante cantidad de mil pesos por llevar tres tabiques de cocaína a un rancho en los adentros de la sierra.

- ¡No se necesita la preparatoria para darse cuenta que éste sí es negocio! – pensó mientras contaba los mil pesos pagados por adelantado. Fue entonces que traicionó, mató y escaló, sin reserva alguna para ser el temible comandante Magaña.

Más de cincuenta mujeres le habían pertenecido al comandante Magaña. Era habitual que se anduviera con dos o más cortesanas en los bacanales y palenques. No solía aceptar un no por respuesta. Todas poseían características similares: físico asombroso y actitud despreocupada cínica. Pero algo si era seguro, ninguna tenía permitido burlarse del comandante Magaña. Hubo una desafortunada que creyó que nadie se enteraría de las relaciones furtivas que aún mantenía con su antiguo novio. Ambos murieron víctimas de un choque, según los informes de la policía. Nadie preguntó por qué el cuerpo de ella presentaba quemaduras de cigarro y a él le faltaban tres dedos.

-Más vale llorar encima de ellas que por ellas - Decía el comandante Magaña mientras mandaba un ramo de alcatraces a las desconsoladas familias.

Sin embargo, la actitud de Leonel hacia Argelia era totalmente lo opuesto…

Continuará…

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  • http://www.youtube.com/watch?v=EwlTepvbV-s Luis El Quesos Aramburu

    El precio de la soledad es un brazo fuerte y cansado
     

  • http://cuentamelobonito.com/ Viernes

    Nótese como a la autora le encantan los alcatraces.

    jaja…

  • http://jjta-poemas.blogspot.com/ kolonoskopia

    Está guapa Argelia :)