Desvaríos de:

La gran carrera

Intensa, como desde el principio, las vueltas van encontrando su extinción, dejando únicamente dos voraces competidores en busca del final que evite la humillación.

Las llantas rozan los carriles laterales, augurando un probable desastre.

A través del difícil recorrido, el segundo va intentando obtener la rendija que permita separarse del afortunado que no le ha permitido pasar desde hace horas. El tramo mas complicado se va aproximando, un giro de unos 60% que ha dejado sembrados a la mayoría, se antoja como el resquisio sensible que permita la osadia. No hay tiempo de limpiarse el sudor de la vista, el osado piloto del frágil vehículo color verde observa detenidamente los movimiento de el que persigue, se prepara intentando tomar por el carril interior la curva impidiendo que su contrincante le agarre desprevenido. El sonido de las llantas hacen levantarse al auditorio, el primer lugar no se deja ni se rinde, y en una maniobra temeraria logra esquivar la intentona de su perseguidor, escupe polvo con las llantas traseras, burlándolo nuevamente y conservando su posición.

Después del tremendo suspiro, toman la segunda curva con naturalidad, esquivan a los resagados y uno que otro despistado que se atraviesa corriendo la pista.

Una más, una vez más, se aproximan a la recta mientras planean la siguiente afrenta, la difícil curva se encuentra después de ella, y los gladiadores motorizados se preparan para el momento de la verdad.

De pronto, un inesperado llamado deja varado al segundo a media osada intención.

Es todo, se terminó.

Con la resignación en los ojos y par de saladas gotas recorriendo las rosadas mejillas, implora hacia la imagen en el cielo por un segundo más.

-Mañana tienes clase Juanito, ya es hora de irnos.

Un susurro en el oído, y en tierno beso en la mejilla logran su cometido. El otro niño se medio detiene a mitad de su carrera para mirar con regocijo al adversario. Un fruncimiento en la nariz y una sacada de lengua sellan el pacto.

El final de la gran carrera tendrá que esperar… después de comer un helado.

………………..

¡Feliz día del niño!

Desvaríos de:

Viejo y Nuevo Amigo

Hoy tuve el gusto de conocerte, mas aún de escucharte, con tus palabras de niño y de viejo, fruto de tus lagunas mentales, que te vuelven un infante en el cual aflora a instantes la maravillosa longevidad que en tus frases se vuelve un arte.

Hiciste bien en hablarme pues también yo necesitaba que el silencio se rompiera, hiciste bien en embriagarte con ese par de copas de vino tinto barato, pues te ha roto la inhibición y me has platicado tantas cosas que entre todas ellas no se forma una historia y con todas ellas cualquier otra historia es nada.

Hablaste incansablemente, mas no inútilmente, pues aunque difícilmente entendí lo que intentabas platicarme, lo importante es que hablaste, que grito tu corazón al menos un instante, me sentiste tu mejor amigo, pero entre tus adentros sabes que no soy nadie, sin embargo ¿qué es un mejor amigo? sino aquel que está dispuesto a escucharte.

Nos despedimos sin reverencias, sin grandes oraciones, tú caminarás quien sabe por dónde, yo andaré quien sabe hasta cuándo, mañana yo seré un simple viejo, mañana tú serás un respetable infante, por ahora fue un placer conocerte viejo y nuevo amigo, extraño y tierno anciano, hoy tus palabras no han caído en vano.

…Lizard27

Desvaríos de:

La dama del listón color púrpura

Había una vez en un pueblo muy lejano llamado Kalanko el cual se encontraba clavado en medio de un hermoso bosque, los habitantes todos ellos de aspecto campirano se reunian al atardecer en aquella bella plaza a la misma hora, las 5:00 en punto.

Ya todos los habitantes se conocían, siempre era el mismo ritual, las parejas degustaban las golosinas o antojitos que se ofertaban sobre las banquetas de aquella hermosa plaza, las mujeres solteras se reunian el extremo en una banca ahí ellas lucian sus mejores galas, siempre recatadas pero sin perder esa coquetería que caracteriza siempre a una mujer. Con maquillaje tenue hacian exaltar lo mejor de sus atributos físicos, aquellas que sus ojos eran hermosos como dos gemas preciosas iluminaban más su rostro con algunos toques de sombra y aquellas que su distintivo eran sus labios hacian lo mejor posible por hacerlos resaltar con lápiz labial que daban un brillo sensual a sus rostros.

En cambio los varones se reunian del otro lado de la plaza en la banca directamente opuesta, ellos también trataban de lucir sus mejores galas, algunos utilizaban sus sombreros de ala ancha, ropas muy bien planchadas con adornos para atraer a la chica que les gustaba, entre ellos jugueteaban a juegos rudos a manera de demostrar su virilidad, de pronto alguno se le ocurría la idea de encender un cigarrillo para tratar de dar la imagen de ser un tipo maduro cosa que algunas chicas veían con desagrado. Así giraban las tardes en esa plaza.

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Desvaríos de:

Muéstramelo bonito

¡Saludos, desvariada concurrencia!

Como les había comentado en algunos párrafos perdidos en el disqus, creo que es justo poner las fuentes de las imágenes de donde tan amablemente nos “prestan” la mayoría de las que uso para ilustrar los posts. El nombre de la página es deviantART, el lugar de reunión de artistas o intentos de artistas en su mayoría gráficos de la más variada calidad y cantidad.

Desde fotógrafos tradicionales hasta verdaderos expertos en el uso de los programas de diseño.

Prácticamente todos desconocidos para mí, pero cuyo trabajo me ha llamado la atención. Sin más les dejo la pequeña recopilación de los que hasta ahora he utilizado.

Por cierto, si se preguntan el ¿por qué estoy poniendo esto?, es por que normalmente los miércoles no hay post para dar un pequeño respiro a nuestros colaboradores en busca de la inspiración, mientras realizamos danzas tribales semi-desnudos rodeados de incienso, velas aromáticas, coca y estupefacientes y killerina planea su próximo asesinato para hacerlo pasar como aportación  haciendo de este, nuestro día de anuncios varios.

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Desvaríos de:

Crepúsculo

Inexpresiva soledad

carcomiéndome la piel,

no viven mas en mi conciencia,

dulces imágenes, sueños de papel.

¿Oscura penitencia?

¿Redención esperanzada?

Ventanas de mi alma,

al horizonte divisan nada.

Fui alegría

menos que tormento,

entregué la vida

disfrutando cada momento.

Entregué cada suspiro,

repartí mi cargamento:

rosas, flores, cantos, versos.

A cambio respiraba azufre,

dolor, agonía, resentimiento.

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Desvaríos de:

Ángeles terrestres

Millares de versos te han descrito,
a maravillosas cualidades has pertenecido,
siempre en actitud de guerra,
pero el corazón sin razón entregas.

Actitudes, aptitudes, habilidades,
son bien conocidas te lo hemos dicho antes,
poetas, músicos, pintores, mortales,
pinturas, canciones, monumentos, arte.

Inspiras todo lo que tus ojos tocan,
tus suaves manos bendición abocan,
tu boca vida, aliento, ternura colocan,
cuerpo tuyo, escultura que me aloca.

La naturaleza que llevas por dentro,
no la entiendo, la amo, la acepto,
debilidad, fortaleza, valentía, miedo,
mujer eres más complicada que el cerebro.

Eres la propia estatua a tu belleza,
te ensalzas con tu caminar por la banqueta,
orgullosa, imponente, fina, exquisita, quieta,
mujer, no viviríamos sin tu presencia.

Kolonoskopía.

Desvaríos de:

El precio de la soledad (Segunda Parte)

Leonel procuraba que todo deseo que saliera de la menuda boca de Argelia se cumpliera. Acariciaba su oscuro cabello hasta que el olor de éste, se impregnara en sus robustas manos. La besaba en la frente con exagerada delicadeza. Miraba las finas facciones del rostro de Argelia y de vez en vez las delineaba con su dedo grueso y áspero. Pensaba en ella cada minuto del día, inclusive a la hora del ajuste de cuentas. Leonel le platicaba todo lo que le pasaba por la mente. Por supuesto, Argelia fue el único ser humano que escuchó todo lo que Leonel tenía que decir, todo lo que él era.

Argelia cada día estaba más aburrida. Al principio compartió la pasión desbordada por el idilio, pero poco a poco le iba perdiendo interés. Veía a Leonel escasos días al mes. Cuando al fin estaban juntos, no pasaban más de veinte minutos sin sonar un teléfono móvil, llamadas que se prolongaban más de lo que Argelia era capaz de tolerar. Apenas Leonel sospechó del creciente desinterés de Argelia, se la llevó de viaje para que conociera la nieve, la llenó de regalos costosos y trató de aumentar días dedicados sólo a ella.

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Desvaríos de:

El precio de la soledad

Tenía tiempo que no se hacía esa pregunta.

Realmente no tendría por qué hacérsela, pero aún así al verlo, ella se cuestionaba si de verdad lo amaba. Ni siquiera estuvo segura de quererlo, más bien como que le causaba entre simpatía y compasión. Compasión cuando le contó que de niño robaba gallinas para venderlas y así comprar un litro de leche. Compasión al ver que toda la gente a su alrededor lo respetaba sólo porque le temían. Ella había percibido en él, ese aire tan sombrío e impregnado de la más sincera soledad.

Argelia era única en especie. Pequeña desde nacimiento, se pudo adivinar que no tendría el tamaño de una amazona, ojos tan grandes como para encerrar todas las interrogantes que siempre la asediaban. Si los ojos son la ventana del alma, no era el caso de Argelia. Sus ojos eran su alma. La boca delgada que rara vez habló más de cinco minutos continuos, era justo a la proporción de su diminuta nariz. Lo que llamaba la atención de su escuálido cuerpo, era el magnífico cuello de cisne que adhería su cabecita y cuerpecillo. En efecto, era un cuello tan poco común. Parecía tallado por el más experto de los ebanistas. Toda ella eran distintas tonalidades de café. Café oscuro en el cabello, café claro en los ojos, café medio en la piel. Argelia parecía tímida pero en realidad no lo era. Siempre tenía la entera seguridad de lo que iba a hacer y normalmente quedaba satisfecha con sus decisiones. Nunca se le escuchó hablar de confusiones o arrepentimientos.

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Desvaríos de:

Luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas

Jaime Sabines

Desvaríos de:

El rayo verde

Hace algunos años, como cada tarde, cruzaba el malecón de mi hermosa ciudad. Lo habían remodelado, estaba tan nuevo que no abundaba la gran cantidad de “deportistas” que ahora lo abarrotan. Lo rediseñaron para hacer la acera de 3 vías, una para los que corren, otro para bicicletas, patines, patinetas, etc. y otra para los paseantes. Vagaba sin rumbo en el carril correspondiente, ocioso, tratando de esperar un ocaso más, uno de aquellos bellísimos como los que acostumbra regalar la costa de mi tierra, cuando de pronto, un fenómeno inusual cambio por completo mi vida.

Cuenta una leyenda escocesa que solo algunos afortunados pueden observarlo… es el “rayo verde”, una corona esmeralda que rodea al sol cuando este se oculta y que permite al que sea su testigo nunca más errar en cuestiones de sentimientos.

Se oye como una ganga ¿verdad?

La corona esmeralda que vi duró menos de 2 segundos, lanzo una llamarada de luz como una estrella fugaz que dividió al firmamento y cuando el sol se terminó de poner mis sentidos se sentían extrañamente agudizados. Dentro de mi cabeza fue como si la nube oscura que la envolvía se hubiese disipado. Las sensaciones y sentimientos se impregnaron en cada célula de mí ser, sabía lo que quería, sabía lo que deseaba e inconfundiblemente sabía dónde y con quien obtenerlo. En ese instante supe lo que era realmente el amor. Mi corazón hizo una conexión terriblemente poderosa con mis pensamientos, toda duda desapareció, era como si me hablara y con cada palabra una suave y dulce sensación recorría mi cuerpo. Podía visualizar en mi cabeza la imagen de la persona que me producía aquella sensación, aquella chica de quien me había enamorado hace ya siete años, cuya relación se había opacado con la costumbre y el hartazgo, siempre me pregunte que nos mantenía ahora unidos.

Era amor, lo sabía y no podía esperar a decírselo.

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