Desvaríos de:

Locura de Amor

Locura de amor.

Un noble mago, rey de los placeres,
Viendo el pesar horrible que me inquieta
Exclamo bondadoso: -Dí, ¿Qué quieres para vivir feliz, pobre poeta? :

Quieres príncipe ser?..quieres honores?..
Quieres triunfar cual esforzado atleta?..
Quieres ser el señor de los señores?..
Quieres el cetro que avasalla el mundo?…
Quieres ceñir laureles triunfadores?…
Quieres talento sin igual, profundo?…
Quieres tener, de Adonis, la belleza?…
Quieres gozar amor casto y fecundo?…
Quieres llenar tu casa de riqueza?…
Quieres la ciencia, infame, del protervo, donde la humana perversión empieza?…

Callo el mago, y alzando la cabeza, triste le conteste:
- Quiero ser cuervo…
Como un demente contemplome el mago
Con extrañeza grande en la mirada,
Y con acento doloroso y vago,
- si -, le dije con la voz turbada:

-Movido por el diablo de los celos, ayer di muerte a mi gentil amada, la de pupilas bellas cual los cielos, la deboca mas fresa y sonriente, que el rosal que hace rosas mis anhelos cuando despunta el sol en el oriente. La mate por hermosa y por coqueta, desgarre su belleza refulgente, destroce de sus ojos la violeta y al mirarla morir, en mi delirio con afanes sangrientos de poeta y con locos empeños de martirio, puse en su frente nítidos jazmines, en su ceno de nieve un blanco lirio y le di por magníficos chapines capullos de azucenas y de nardos …
¡ Todo lo que es pureza en los jardines y en los sueños sublimes de los bardos! …

- ¡ Grave cosa es matar! – Con dulce acento el noble mago a compasión movido me dijo, y luego murmuro: – Lo siento, y aunque me extraña el crimen cometido, te salare de la injusticia airada y aun he de darte seductor olvido si antes me explicas con franqueza honrada, por que quieres ser cuervo, gran poeta-
Y contesté con emoción secreta:
- ¡ Para comerme el cuerpo de mi amada!-

 

Catulle Méndez
Desvaríos de:

Déjame entrar a tu íntimo alfabeto

Déjame entrar a tu íntimo alfabeto
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de nieblas.
Déjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti.
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como una niña
para que todos se expresen con acento puro.

Homero Aridjis

Desvaríos de:

Día de difunto

Cuando llegué al tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.

–Pero mamá, tú estás muerta.

–Tú también, mi niño.

Y nos abrazamos desconsolados.

“Día de difuntos”, Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki

Desvaríos de:

Las dos Elenas

A José Luis Cuevas

- NO SE DE DONDE LE SALEN ESAS IDEAS A ELENA.   Ella no fue educada de ese modo.  Y usted, tampoco, Víctor.  Pero el hecho es que el matrimonio la ha cambiado.  Sí, no cabe duda.  Creí que le iba a dar un ataque a mi marido.  Esas ideas no se pueden defender,  y menos a la hora de la cena.  Mi hija sabe muy bien que su padre necesita comer en paz.  Si no, en seguida, le sube la presión.  Se lo ha dicho el médico.  Y después de todo, este médico sabe lo que dice.  Por algo cobra a doscientos pesos la consulta.  Yo le ruego que hable con Elena.  A mí no me hace caso.  Dígale que le soportamos todo.  Que no nos importa que desatienda su hogar por aprender francés.  Que no nos importan esas medias rojas de payaso.  Pero que a la hora de la cena le diga a su padre que una mujer puede vivir con dos hombres para complementarse… Víctor, por su propio bien usted debe sacarle esas ideas de la cabeza a su mujer.

Desde que vio Jules e Jim en un cine-club, Elena tuvo el duende de llevar la batalla a la cena dominical con sus padres – la única reunión obligatoria de la familia -.  Al salir del cine, tomamos el MG y nos fuimos a cenar al Coyote Flaco en Coyoacán.  Elena se veía, como siempre, muy bella con el suéter negro y la falda de cuero y las medias que no le gustan a su mamá.  Además, se había colgado una cadena de oro de la cual pendía un tallado en jadeíta que, según un amigo antropólogo, describe al príncipe Uno Muerte de los mixtecos.  Elena, que es siempre tan alegre y despreocupada, se veía, esa noche, intensa:  los colores se le habían subido a las mejillas y apenas saludó a los amigos que generalmente hacen tertulia en ese restaurant un tanto gótico.  Le pregunté qué deseaba ordenar y no me contestó;  en vez, tomó mi puño y me miró fijamente.  Yo ordené dos pepitos con ajo mientras Elena agitaba su cabellera rosa pálida y se acariciaba el cuello:

-Víctor, nibelungo, por primera vez me doy cuenta que ustedes tienen razón en ser misóginos y que nosotras nacimos para que nos detesten.  Ya no voy a fingir más.  He descubierto que la misoginia es la condición del amor.  Ya sé que estoy equivocada, pero mientras más necesidades exprese, más me vas a odiar y más me vas a tratar de satisfacer.  Víctor, nibelungo, tienes que comprarme un traje de marinero antiguo como el que saca Jeanne Moreau.

Yo le dije que me parecía perfecto, con tal de que lo siguiera esperando todo de mí.  Elena me acarició la mano y sonrió.

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Desvaríos de:

Luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas

Jaime Sabines