Esperé con ansías el día, planeé despertarme tarde, un día libre como hoy no tendría por que desperdiciarlo, planeaba revisar reportes, de esos habituales que siempre se generan en el trabajo, leer un poco, dormir un tanto y si, también pensé en tener tiempo para ti, sin embargo lo que encontré sobre la mesa durante el desayuno no lo vi venir. Fuiste pulcro y puntual, algo habitual en ti este último año. Repase una a una tus letras para encontrarles un sentido claro, no había más, ya lo habías dicho, te ibas, te vas, aunque te escribo para decirte que quiero que te quedes.
Te escribo antes de dormir, todo el día estuve rumiando las palabras que te querría, te debería y al final de la jornada solamente atino a escribirte lo que puedo, solo lo que puedo escribir. Sé que fallé, sé que me confié, te tuve siempre aquí, aunque como en la mayoría de las relaciones pensé que sería para siempre, y no, lo sé, tienes derecho a querer partir, no te puedo ofrecer ser la más elocuente, no lo he sido en veintitantos años, tampoco te juraré fidelidad, tú y yo sabemos sobre aquel.. aquellos “incidentes”, solo te puedo prometer estar aquí, verte despertar, esperarte al llegar la tarde, tejer letras para seducirte, haré lo que sea necesario, pero por favor, quédate aquí, dedicarte una canción, hoy te lo pido, no quiero, no puedo verte partir. Hoy no, hoy es uno de esos días en los que necesito acurrucarme en ti, poner una canción suave y pedirte de nuevo al oído “cuentamelobonito” te necesito, aquí.
